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Todo cuanto es posible negarse es mentira. Solo cuando has negado algo hasta llegar al verdadero extremo de la negación (un punto que pocos se dan el gusto de conocer) y aún así, vence por su peso una verdad frustrada, abatida y cercenada, es válido aceptarla. Para quien lo haya experimentado, sabe su precio y la afirmará ahora con la misma terquedad que implicaba en negarla primero.
Así me negué a decidir, a la soledad, a la libertad, al silencio, a los riesgos, a la responsabilidad. Ahora no hay razón para negarlo que pueda más que el desear afirmarlo . Al fin y al cabo, la única y verdadera negación es la muerte, pues todo lo demás que sea capáz de negarse es aún así la afirmación de otra cosa. Hay tiempo para vivir un poco más. Saber leer lo que la vida te dice entrelineas, hacerle caso a las señales, a las sutiliezas y a las evidencias y ya en el extremo a los horóscopos, las cábalas, las fábulas y los chismes. Pero hay que sentir y verlo venir, armar la afirmación de algo que no se puede negar.
Una vez hace siete años me encontré con ésto. Había cedido por otras cosas menos mágicas, por lo pragmático y tangible. Quizá esta vez no lo vuelva a negar o quizá si. La incertidumbre hace ver que vivimos la vida por momentos tan pequeños.Quiero volver a escribir ahora... las señales quizá, las facilidades de la neurona de silicona y la banda ancha, desquitar un sitio gratis, con auténtica necesidad de expresión o con fines egoistas y narcisistas: verme en éste reflejo de caracteres, saber que quizá puedo más que aquellos que no hilan un par de palabras (aúnque sean monosilábicas). Realmente no sé porqué. No sé. NO.